En la foto el entonces gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, con el otrora candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio
Álvaro Aragón Ayala.
El priista Mario Villanueva Madrid se convirtió en el primer gobernador priista procesado por narcotráfico y lavado de dinero en México, pero el sistema político mexicano no se derrumbó, ni desapareció el narcotráfico en Quintana Roo. Por el contrario: el poder político siguió funcionando, hubo sucesión gubernamental normal y los grupos criminales simplemente cambiaron de estructura, rutas y operadores.
Mario Villanueva ganó la gubernatura de Quintana Roo en las elecciones estatales de 1993 como candidato del PRI, en uno de los momentos de mayor hegemonía priista en el país. Gobernó de 1993 a 1999, durante el sexenio presidencial de Ernesto Zedillo.
Cuando estalló el escándalo de sus vínculos con el Cártel de Juárez y con operadores de Amado Carrillo Fuentes, el PRI no perdió inmediatamente el control político del estado. Tras la salida de Villanueva, el sucesor en el gobierno estatal fue Joaquín Hendricks Díaz, también del PRI, quien ganó las elecciones de 1999. Es decir: aun con el impacto nacional del caso, el sistema político quintanarroense no colapsó.
El relevo político ocurrió incluso mientras Villanueva ya era investigado federalmente y existían versiones de que sería detenido al dejar el cargo. Dos días antes de entregar la gubernatura desapareció y se convirtió en prófugo, sin embargo la transición institucional se realizó normalmente y el PRI mantuvo el poder estatal.
El caso Villanueva exhibió una realidad que posteriormente se repetiría en otras entidades: el procesamiento de un gobernador por narcotráfico no significó el desmantelamiento de las estructuras criminales. Quintana Roo siguió siendo una plaza estratégica por su ubicación geográfica, puertos, turismo internacional, aeropuertos y conexiones marítimas con Centroamérica y el Caribe.
Durante los años noventa, la organización dominante era el Cártel de Juárez, encabezado por Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. Las investigaciones estadounidenses sostuvieron que Quintana Roo funcionaba como corredor de recepción de cocaína proveniente de Colombia.
Sin embargo, tras la caída de Villanueva, el narcotráfico no desapareció de Quintana Roo. Lo que ocurrió fue una recomposición criminal. Con el paso de los años comenzaron a operar células vinculadas a otros grupos como el Cártel del Golfo, Los Zetas y posteriormente el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación. Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Chetumal se transformaron en zonas de disputa por el control del narcomenudeo, extorsión, trata y tráfico internacional. Diversos reportes periodísticos y operativos federales recientes ubican actualmente al CJNG y a células del Cártel de Sinaloa entre los grupos con presencia en Quintana Roo.
La expansión turística de la Riviera Maya tampoco frenó el fenómeno criminal. Por el contrario, el crecimiento económico, la migración masiva, el lavado de dinero y el flujo internacional de turistas convirtieron a Quintana Roo en uno de los territorios más disputados del país por organizaciones criminales.
El caso Villanueva se convirtió en antecedente histórico de futuros expedientes contra gobernadores mexicanos. Años después serían procesados o investigados mandatarios estatales como Tomás Yarrington, Eugenio Hernández, Javier Duarte y Roberto Borge. Pero el precedente central quedó marcado desde Quintana Roo: el primer gobernador acusado formalmente de operar para un cártel surgió del PRI, fue procesado internacionalmente y, aun así, el sistema político mexicano continuó funcionando sin ruptura institucional.