Marcelo Ebrard y el T-MEC como moneda de cambio.Proyecta meter candidatos a gobernadores y diputados

Álvaro Aragón Ayala.

En los pasillos del poder federal se discute con fuerza el pragmatismo con el que Marcelo Ebrard Casaubón mueve sus piezas. Desde la Secretaría de Economía, el canciller opera el futuro comercial de México ante la inminente y compleja revisión del T-MEC y estructura, sobre todo, su viabilidad y la de su grupo político rumbo a la sucesión de 2030.


En el círculo rojo estudian dos rutas para prospectar el futuro a corto y mediano plazo de Ebrad, una que apunta a que se queda en el gabinete para presionar o jalar posiciones desde dentro, y la otra que señala el camino de su virtual regreso al Senado de la República parq consolidar su bastión legislativo. En ambos escenarios, el secretario de Estado posee una posición de fuerza inédita.


El versión de que Marcelo Ebrard podría desplazar a su suplente, Emmanuel Reyes Carmona, para retomar su escaño en el Senado cobra fuerza ya que su regreso temprano le facilitaría coordinar de manera directa a su bloque de legisladores de cara a las discusiones presupuestales y las reformas clave, posicionándose como el gran interlocutor entre las distintas facciones de la izquierda y la oposición.


Quienes le apuestan a que volverá el próximo año argumentan que Marcelo no dejará la Secretaría de Economía hasta que el Tratado esté blindado o firmemente encauzado. Cualquiera que sea el mes, el objetivo es idéntico: hacer crecer su grupo y consolidar una estructura territorial y legislativa propia.


A diferencia de negociaciones pasadas que se prolongaron por más de un año en un contexto global distinto-, el escenario actual del T-MEC está severamente presionado por factores internos: la inseguridad en México y las exigencias de certidumbre jurídica.


El equipo de Marcelo Ebrad filtró la especie de que si el secretario detecta que el Tratado se “atora” debido a la falta de voluntad política de Palacio Nacional para ceder en ciertos sectores, o si la crisis de seguridad colapsa las mesas de negociación con los socios del norte, no asumirá el costo político del fracaso. Que prefiere una salida digna y a tiempo que una firma debilitada que fracture la economía nacional.


Por su larga experiencia política, Ebrard entiende que su valor no radica sólo en sus habilidades diplomáticas, sino en su posición estratégica. Tiene dos formas de jugar sus cartas para negociar y meter candidatos a gobernadores, alcaldes, diputados locales y federales:


Vía A: Expansión desde la Secretaría de Economía. Utilizar el dinamismo de la inversión extranjera, el nearshoring y las relaciones con los gobernadores estatales para tejer alianzas regionales. Al ser el facilitador del desarrollo económico en los estados, genera lealtades políticas naturales que se traducen en posiciones para su grupo.


Vía B: El condicionamiento político. Si las condiciones para una renuncia limpia no están dadas y se queda, utilizará su peso específico en las negociaciones internacionales como moneda de cambio interna. El mensaje hacia el centro del poder es claro: La estabilidad del T-MEC y la confianza de los mercados internacionales pasan por sus manos y la permanencia de su equipo en el proyecto nacional requiere espacios de representación real.


Tanto si decide quedarse en el gabinete exigiendo gubernaturas y posiciones clave, como si decide romper y regresar al Senado, Marcelo Ebrard cuenta con un activo que pocos políticos poseen en el México: información privilegiada y los datos duros y obscuros de las entretelas del poder.


Su paso por la Jefatura de Gobierno, la Cancillería en el sexenio pasado y ahora la conducción de la política económica del país le otorgan un mapa milimétrico de las debilidades, fortalezas y secretos del sistema. Ese conocimiento lo vuelve un negociador implacable dentro de Morena y también un actor sumamente costoso de confrontar.


El plan ecualizado de Marcelo Ebrard rumbo al 2030 no depende de una sola carta. Si el viento sopla a favor, entregará un T-MEC renovado y cobrará la factura en candidaturas de alto nivel. Si el viento se complica, el Senado lo espera como el líder de una corriente interna capaz de definir mayorías. En la ruleta de la política mexicana, Ebrard diseñó un juego donde, formalmente, todas las vías lo mantienen vigente en la mesa de los aspirantes presidenciales.

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