Álvaro Aragón Ayala.
La detención —o entrega— del exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, el General Gerardo Mérida Sánchez, entró este viernes en una nueva dimensión política y judicial luego de que el Gabinete de Seguridad de México confirmó oficialmente que el ex mando estatal cruzó hacia Estados Unidos por la Garita de Nogales, Sonora, y quedó bajo custodia de autoridades federales norteamericanas.
La precisión oficial modifica sustancialmente el escenario inicial revelado horas antes por la agencia Reuters, que únicamente había confirmado —con base en registros judiciales federales— la comparecencia de Mérida ante una corte federal en Tucson, Arizona, así como su permanencia bajo custodia estadounidense.
Ahora, el propio Gobierno de México confirmó que el exfuncionario ingresó el pasado 11 de mayo a territorio estadounidense desde Hermosillo, Sonora, cruzando por Nogales hacia Arizona, donde fue recibido por el Servicio de Marshals de Estados Unidos (U.S. Marshals).
El comunicado difundido por el Gabinete de Seguridad señala textualmente:
“El ex secretario de Seguridad Pública de Sinaloa, Gerardo Mérida Sánchez, ingresó a Estados Unidos desde Hermosillo, Sonora, el pasado 11 de mayo, y cruzó por la Garita de Nogales hacia Arizona, donde quedó bajo custodia de U.S. Marshals.”
La información oficial fortalece ahora la hipótesis que comenzó a circular desde que Reuters reveló la existencia del expediente judicial federal: la posibilidad de que Mérida no haya sido capturado mediante un operativo tradicional, sino que haya ingresado deliberadamente a territorio estadounidense bajo algún mecanismo de entrega, presentación voluntaria o coordinación institucional.
Y es que la propia narrativa oficial elimina, en los hechos, la versión de una captura espectacular o persecución de última hora. El gobierno mexicano reconoce que existió tránsito identificado desde territorio nacional hacia Estados Unidos y que posteriormente quedó bajo custodia federal norteamericana.
La pregunta central cambia entonces de naturaleza del caso ya que no se sabe bajo qué condiciones ingresó a Estados Unidos un exsecretario estatal que presuntamente ya era objetivo de investigaciones federales norteamericanas.
Hasta este momento, ni el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ), ni la DEA, ni el propio Servicio de Marshals han informado públicamente si existió una entrega pactada, cooperación judicial previa, acuerdo procesal o negociación con fiscales federales.
Tampoco se ha precisado si Mérida Sánchez enfrenta ya cargos formales sellados, si negocia un acuerdo de culpabilidad o si podría convertirse en testigo colaborador dentro de investigaciones relacionadas con estructuras de protección política y criminal.
Reuters informó previamente que los registros judiciales estadounidenses vinculan el caso con investigaciones federales sobre presuntos nexos entre funcionarios sinaloenses y estructuras del Cártel de Sinaloa.
Dentro de esos expedientes aparecen referencias a exfuncionarios, operadores políticos y presuntos esquemas de protección institucional que habrían operado durante los años recientes en Sinaloa.
La aparición del General Gerardo Mérida bajo custodia federal estadounidense representa uno de los episodios más delicados de esa trama judicial, debido a que encabezó formalmente la estructura de seguridad pública estatal en medio de la crisis de violencia que estremeció a Sinaloa.
El comunicado del Gabinete de Seguridad agrega además que el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y las instancias de seguridad federal, mantiene “comunicación institucional” con autoridades estadounidenses “en el marco de los mecanismos de cooperación internacional”.
Esa frase, aparentemente protocolaria, adquiere relevancia política porque sugiere la existencia de coordinación bilateral activa sobre el caso.
La confirmación oficial mexicana termina así por desmontar cualquier interpretación de incertidumbre sobre el paradero del exsecretario: Gerardo Mérida sí ingresó a Estados Unidos desde México, sí cruzó por un punto fronterizo plenamente identificado y sí quedó inmediatamente bajo custodia federal estadounidense.
Lo que sigue sin responderse es quizá lo más importante: si cruzó como fugitivo, como detenido… o como parte de un acuerdo previamente negociado.