A nueve años del asesinato de Javier Valdez, el autor intelectual sigue impune

Gustavo Castillo García.

Hace nueve años, dos sicarios le arrebataron la vida a Javier Valdez Cárdenas, corresponsal de La Jornada en Sinaloa, a plena luz del día en Culiacán. Él fue un periodista que con sus reportajes, crónicas y entrevistas mostró el siniestro mundo del narcotráfico y sus consecuencias en las distintas comunidades del país, particularmente en esa entidad, cuna de cárteles. La justicia para él sigue pendiente.

Todas las pruebas llevan a que el periodista y escritor fue asesinado por órdenes de Dámaso López Serrano, El Mini Lic, un delincuente que consideró que podía suceder a Joaquín El Chapo Guzmán Loera en el liderazgo del cártel de Sinaloa, y que tras sus pugnas con Los Chapitos, huyó a Estados Unidos, y a pesar de la solicitud de extradición del gobierno mexicano, la justicia en el vecino país lo integró a su programa de testigos protegidos para que colaborara en juicios contra otros miembros de ese grupo criminal.

El 15 de mayo de 2017, al filo de las 12 horas, Valdez Cárdenas salió de las instalaciones del semanario Ríodoce. Se dirigía a su casa. Tres hombres ya lo esperaban a unas calles. Fingieron un incidente de tránsito para obligar a que el periodista detuviera la marcha de su vehículo, lo obligaron a descender de la unidad y le dispararon a quemarropa.

Las indagatorias revelaron que El Mini Lic ordenó el homicidio a Heriberto Picos Barraza El Koala, Juan Francisco Picos Barrueta El Quillo y Luis Ildefonso Sánchez Romero El Diablo, porque, según las investigaciones de la Fiscalía General de la República, a El Mini Lic le disgustó que Valdez lo describiera como un “sicario de utilería”.

Valdez Cárdenas ya se había convertido en su labor periodística en un referente de las consecuencias que el narcotráfico había causado. En sus notas, crónicas, reportajes y libros desveló “la vida brutal” que viven los jóvenes que se convierten en miembros de los grupos criminales, y cómo su ingreso a ese mundo no era solamente por dinero y para causar temor en quienes los rodean, sino “por la falta de amor, por abandono, por la asfixia de vivir en familias disfuncionales, por arrastrar un alma descoyuntada y sin afecto”, como escribió en Los morros del narco.

El corresponsal de La Jornada retrató en sus textos a personajes, líderes de las facciones, su penetración social en la política y hasta sobre los concursos de belleza y la vida en el narcotráfico, como puede leerse en su obra Miss Narco.

La redacción de La Jornada lleva el nombre de Valdez Cárdenas y el de su amiga y compañera, Miroslava Breach, quien fue asesinada dos meses antes en Chihuahua.

A nueve años de su homicidio, dos de los victimarios tienen condena: a El Koala le dieron 14 años y ocho meses de prisión, y su testimonio sirvió para acreditar la autoría intelectual de El Mini LicEl Quillo recibió 32 años de cárcel, mientras que El Diablo fue asesinado en septiembre de 2017 en Sonora.

En tanto, El Mini Lic purga una condena de cinco años en Estados Unidos y la justicia de ese país no ha respondido al pedido de extradición.

La Jornada

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