MORENA SINALOA: LA BATALLA QUE SE LIBRA EN LA «PANZA» DEL MOVIMIENTO

Dato histórico imposible de borrar: hay quienes hoy buscan la coordinación/candidatura y que crecieron bajo la sombra del proyecto de Rubén Rocha Moya. Lo acompañaron en la campaña al Senado y lo respaldaron en la búsqueda de la gubernatura y recibieron las posiciones públicas que hoy ostentan

Por Alvaro Aragón Ayala.

La verdadera disputa por la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación en Sinaloa no ocurre en los discursos públicos ni en las conferencias de prensa. Tampoco en las narrativas que los distintos grupos de Morena difunden a diario. La batalla real se libra en las entrañas del partido, donde coexisten viejas lealtades, nuevos intereses y ambiciones que buscan acomodo antes de la definición final. Paradójicamente, mientras todos discuten la convocatoria, muy pocos entienden su diseño de fondo.


Desde su publicación, cada corriente comenzó a leer el documento a conveniencia. Los fundadores reclaman el derecho de decidir el rumbo bajo el argumento de que ellos construyeron el partido cuando nadie apostaba por el proyecto. En ese bloque conviven quienes han ejercido el poder desde 2018 y los militantes históricos que, al ser relegados de la estructura de gobierno, hoy exigen sus propios espacios.


Al lado de ellos caminan los antiguos cuadros del PRD que se sumaron a la ola guinda, logrando posiciones clave en el gabinete estatal, el Congreso local y los ayuntamientos. Ellos también asumen que tienen derechos adquiridos en el nuevo régimen.


Un tercer sector, igual de visible, lo integran los exmilitantes del PRI y del PAN incorporados para apuntalar la administración pública o la operación política. Muchos ya se asumen como los nuevos morenistas y pelean con la certeza de que forman parte legítima del plan. A este mosaico se añade el grupo compacto que responde directamente al gobernador Rubén Rocha Moya, empeñado en defender la continuidad de la línea estatal trazada en los últimos años.


Cada facción busca en la convocatoria el párrafo que fortalezca sus aspiraciones y debilite las de sus rivales. Sin embargo, este jaloneo ignora la lógica central del proceso: el documento no se diseñó para que las tribus locales resolvieran la sucesión sinaloense.


La ingeniería política de la convocatoria apunta hacia el centro del país. Su función es concentrar información, ordenar la competencia, medir perfiles y reducir los márgenes de fractura, pero la decisión de fondo se tomará en Palacio Nacional. No ganará el grupo más ruidoso ni el que arme la mejor campaña de comunicación en el estado; el mecanismo garantiza que la cúpula nacional mantenga el control de una plaza estratégica.


Por eso resulta inútil inventar requisitos. En los últimos días se ha querido introducir al debate local el concepto de «fama pública», un criterio ajeno al texto oficial. Pretender que desde Sinaloa se puede modificar el alcance legal de una normativa nacional es un error de cálculo.


La fama pública es una categoría frágil y subjetiva; no es una prueba jurídica ni equivale a una sentencia. Al ser una percepción variable que puede inflarse o destruirse mediante campañas mediáticas y redes sociales, el derecho moderno la ha dejado de lado para limitar derechos políticos. Las responsabilidades legales, en cambio, exigen carpetas de investigación y fallos de un juez.


La convocatoria de Morena no frena a nadie por el simple hecho de tener indagatorias abiertas o procesos en curso. El candado real opera únicamente para quienes tengan una sentencia firme por delitos de violencia sexual, de género, familiar, corrupción, faltas administrativas graves o sanciones vigentes por violencia política contra las mujeres. Confundir una investigación con una condena es una manipulación que carece de sustento legal.


Aun así, la simulación continúa. Hay actores que conocen sus limitaciones reales y, a sabiendas de que no ganarán, se apuntan como aspirantes solo para acumular capital político y negociar posiciones menores en el futuro organigrama.


En este escenario, hay un dato histórico imposible de borrar: la mayoría de quienes hoy buscan la candidatura crecieron bajo la sombra del proyecto de Rubén Rocha Moya o fueron apoyados por él. Sí, lo acompañaron en la campaña al Senado y en su camino a la gubernatura y recibieron las posiciones públicas que hoy ostentan. Rocha fue generoso hasta con quien no lo respaldaron. Aunque en la política la gratitud suele ser efímera y algunos digan que no le deben nada a nadie, la visibilidad institucional que hoy presumen nació con la consolidación del actual grupo en el poder.


La disputa apenas comienza. Seguirán los discursos, las interpretaciones y los intentos por cambiar las reglas del juego sobre la marcha. Pero la realidad de la balanza no va a cambiar: el destino de Morena en Sinaloa no se decidirá en el estado. Las tribus pelean por un papel que leen a su antojo, pero el verdadero centro de gravedad del proceso sigue fijo en la dirigencia nacional del movimiento.

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