¿Qué te pasó, Juan Manuel Partida Valdez?

Jorge Luis Ramos Gutiérrez.

¿Qué te pasó, Juan Manuel Partida Valdez? ¿Qué te pasó para rayar en ese grado de locura? Te lo pregunto de frente. De frente porque yo también he sido calumniado por tu pluma, difamado, tildado de traidor, rufián, desvergonzado y pelafustán. En mi corto tiempo en el ejercicio periodístico, he tenido la valiosa oportunidad de conocer a decenas de comunicadores profesionales, de prosa fina, que respetan el oficio y que no tienen ninguna necesidad de insultar, inventar o tachar de narco a cuanta persona se les antoja simplemente porque no se arrodilla ante sus caprichos.


Hablo por mí, no por mi amigo Wilfrido Ibarra Escobar ni por el Rector Jesús Madueña Molina, a quienes tú mismo confesaste tener en la mira en tu reciente y visceral columna «política». Fuiste tú quien escribió textualmente: “Tengo a ambos en mi lista de enemigos, y razones hay de sobra. Nunca le perdonaré a Madueña que sin razón haya corrido a mis hijos de la UAS. No tengo afanes de venganza, pero no cejaré en hacerle pagar por sus ataques contra mi persona y contra mi familia”. Esa declaración es la prueba plena de tu ruindad: no haces periodismo, ejecutas una venganza personal.


A ti nunca se te ha atacado, Partida Valdez; se te ha respondido con la verdad, que es muy diferente. Nadie ha metido a tu familia en este diferendo. Eres tú quien la ha metido y la usa como un escudo humano y mediático para atentar impunemente contra la honra y la dignidad de las personas. Quien no se somete a tu capricho, quien no cumple tus deseos económicos o políticos, o quien sencillamente no piensa igual que tú, ya es, para ti, un narcotraficante, una rata o un saqueador. Tu estrechez mental dictamina que el mundo es culpable de tus propias frustraciones.


¿Qué te ha hecho, por ejemplo, la presidenta Claudia Sheinbaum para que la califiques con total bajeza de «narcopresidenta», de «chacha» y de «tilica»? Para ti todos los que no coinciden contigo son narcos, todos están podridos, menos tú. Pero el colmo de tu cinismo llega cuando alguien te contesta, te exhibe o se defiende de tus mentiras; en ese instante enloqueces, te tiras al suelo, te llamas «amenazado de muerte» y corres a los tribunales a acusarlos, como si la Fiscalía General del Estado —en donde, por cierto, ya te tildan de loco— fuera de tu propiedad o tu oficina de quejas.


Yo no te odio, Juan Manuel, ni te considero mi enemigo. Tampoco creo que el Rector Jesús Madueña Molina lo haga, ni Wilfrido Ibarra, pese a que ya lo culpas a él de todos tus males y fantasmas que abrigas en tu mente. Lejos de despertar rabia, me inspiras compasión. Por eso, de manera honesta, te recomiendo que visites a un psiquiatra, que te atiendas urgentemente. Tu estado emocional actual ni tu comportamiento diario es el de una persona normal; sueñas despierto con la DEA, inventas tramas policíacas ficticias y creas fuentes de información falsas para alimentar tus delirios de persecución.


Ve con un psiquiatra, pues está médicamente demostrado que la pérdida anatómica de una extremidad detona graves trastornos de la conducta, severas crisis de identidad, episodios crónicos de ansiedad y una profunda depresión que se disfraza de agresividad extrema hacia el entorno. Al romperse la autoimagen, la mente busca canalizar el trauma mediante el rencor y la paranoia, proyectando las propias frustraciones físicas y emocionales en forma de ataques hacia los demás, creyendo que el mundo entero es el causante de su dolor y su vacío.


Creo que tu severa alteración psíquica y tu evidente amargura tienen su origen en ese hecho trágico y personal. Pero yo no soy el culpable ni Wilfrido ni el Rector. Fue a partir de ahí que empezaron tus desvaríos, los cuales se agravaron drásticamente cuando Rubén Rocha Moya arribó al poder y dejaste de gozar de los privilegios y canonjías de los que te dotaban Quirino Ordaz Coppel, Mario López Valdez y otros gobernadores priistas. Al cortarse el flujo de dinero público que mantenía tu sumisión, perdiste la brújula y la cordura. Hoy, despojado de tu máscara y de tus contratos, ya no ejerces el periodismo; lo que tú haces, Juan Manuel, es el más puro y rancio coproperiodismo.

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