Jesús Mandueña: la nueva era de la rendición de cuentas en la UAS

Álvaro Aragón Ayala.

La decisión de la Universidad Autónoma de Sinaloa de presentar el Informe Rectoral exclusivamente ante el Honorable Consejo Universitario es una sorpresa que no significa, bajo ninguna óptica analítica, un ejercicio de aislamiento ni una ruptura de los puentes institucionales ni mucho menos un desprecio hacia los poderes públicos, sino una reafirmación del sentido esencial de la universidad que determinó priorizar rendir cuentas, en primera instancia, a su comunidad académica, científica y estudiantil, consolidando un acto de transparencia interna que valida el rumbo correcto trazado por la gestión del Rector Jesús Madueña Molina.


El nuevo formato del informe constituye, ante todo, una revitalización del compromiso orgánico y ético que define a la educación superior: colocar el escrutinio de la labor institucional en manos de quienes construyen cotidianamente el saber. Al validar la reconfiguración del evento, la UAS refrendó que su legitimidad emana de su propio seno y de la rigurosidad de sus procesos, blindando la figura Rectoral ante lecturas coyunturales y ajenas al quehacer educativo.


De hecho, la universidad, en su concepción más pura y universal, no nació para organizar concentraciones de carácter masivo-protocolario que diluyen la esencia del debate intelectual. Su diseño histórico y sociológico responde a imperativos de mayor trascendencia que demandan un entorno de solemnidad y concentración institucional para la evaluación objetiva de sus metas.
En escenarios de alta complejidad las instituciones educativas corren el riesgo de convertir sus espacios en teatros de formalismos tradicionales, dinámicas de espectáculo o arenas de disputa política, razón por la cual la UAS optó con valentía y visión de Estado por regresar al centro de su naturaleza histórica y jurídica: la deliberación estrictamente universitaria. Esta transición hacia modelos de alta sobriedad académica evoluciona hacia un régimen de eficiencia institucional donde el protagonismo pertenece sólo a las ideas y a los indicadores de progreso.

Presentar el informe anual de labores ante el Consejo Universitario, máximo órgano colegiado de la máxima casa de estudios, enviará una señal poderosa de salud institucional y madurez democrática: la universidad, bajo el liderazgo firme de su Rector, Jesús Madueña Molina, decidió privilegiar así la vida estrictamente académica y la evaluación interna sobre la liturgia política tradicional.


ES AUTONOMÍA EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN


Refleja o denotaría, entonces, un severo error de apreciación analítica, política e intelectual, interpretar la toma-aprobación de este formato y la ausencia de comitivas externas en el Informe Rectoral como un acto de confrontación o distanciamiento. La UAS no rompe lazos; al contrario, dignifica su posición como interlocutor válido al presentarse ante el Estado no como un actor de protocolo, sino como un ente de resultados académicos y científicos inobjetables.


En sus reuniones con la comunidad universitaria, Jesús Madueña precisa que, a través de su liderazgo, la institución mantiene y mantendrá relaciones institucionales permanentes, respetuosas y de mutua colaboración con los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como con los más prestigiosos organismos científicos, culturales y sociales del orden nacional e internacional. Esa relación de coadyuvancia existe, pues, y continuará con total fluidez, además de que es indispensable para el desarrollo armónico del estado de Sinaloa y del país.


Sin embargo, el principio constitucional de la autonomía universitaria también pondera, en su acepción más profunda, la capacidad irrestricta de decidir las formas, los tiempos, los estilos y los espacios que deben regir su vida interna y sus ejercicios de transparencia. La universidad no tiene la obligación jurídica ni pedagógica de convertir cada acto de rendición de cuentas en un evento de representación política o social de corte tradicional. La soberanía de la que goza le permite enfocar sus esfuerzos en la optimización de los recursos y en la sustancia de sus contenidos.


La institución puede decidir, con absoluta legitimidad y respaldo normativo, que determinados ejercicios de evaluación y entrega de resultados se desarrollen en el ámbito estrictamente universitario, fortaleciendo el tejido interno y la identidad de sus propios cuadros académicos. Este nuevo ejercicio, no debilitará el diálogo institucional con los diversos sectores de la sociedad, por el contrario, lo robustecerá y le otorgará dignidad ya que reafirma que la universidad posee una identidad propia, órganos de gobierno robustos y mecanismos endógenos de legitimidad que no dependen de factores externos para validar su excelencia.


LA UNIVERSIDAD DEL CONOCIMIENTO


La tesis central de la Universidad Autónoma de Sinaloa debe comunicarse con absoluta claridad, contundencia y orgullo institucional: la UAS es, por derecho propio y por sus aportaciones, la “Universidad del Conocimiento” del noroeste del país y, por tanto, la producción científica, el conocimiento de vanguardia, la innovación tecnológica y la formación profesional de alta calidad que genera la UAS no pertenecen a grupos de interés, a gobiernos temporales, ni a coyunturas partidistas de ninguna índole. Son bienes públicos que trascienden los periodos de la administración pública.


Pertenecen, por origen y destino, a las familias sinaloenses y a la comunidad científica internacional. El conocimiento no se privatiza ni se subordina a agendas ajenas al progreso social. Cada investigación científica publicada, cada médico formado en las aulas que salvan vidas, cada ingeniero graduado que impulsa la infraestructura, cada proyecto tecnológico patentado, y cada aporte cultural y humanístico, constituye un patrimonio social vivo, blindado por el rigor y la autonomía.


Por esta razón fundamental, la gestión del Rector Jesús Madueña Molina decidió colocar el eje y el motor de su informe no en el listado de invitados distinguidos o en la retórica de los reflectores, sino en los tangibles resultados académicos, científicos y humanos que la institución entrega a la sociedad ya que la verdadera grandeza y el prestigio de una institución de educación superior no se miden jamás por el tamaño del presídium, ni por la fastuosidad de la escenografía ni por el número de figuras que asistan a testificar un acto.


Se mide, de manera científica e inobjetable, por su productividad académica, el factor de impacto de sus investigaciones, su cobertura educativa universal -que es ejemplo nacional-, su compromiso social inquebrantable y su probada capacidad para transformar vidas a través del conocimiento.


EL MENSAJE DE VANGUARDIA


Esta determinación del Consejo Universitario por petición de Rector también proyecta hacia el exterior una idea moderna, sobria y vanguardista de lo que debe ser la educación superior en el siglo XXI: menos ceremonialidad protocolaria, más institucionalidad e introspección académica, menos distractores mediáticos, más profundidad en el contenido y la rendición de cuentas, menos centralidad en las formas del poder y más centralidad en la democratización y generación del conocimiento.


Es claro que la Universidad Autónoma de Sinaloa no se ha encerrado en sí misma ni ha edificado murallas. Simplemente, en un acto de alta responsabilidad, decidió de manera soberana que el único y verdadero protagonista del informe fuera el trabajo diario de la comunidad universitaria y no el protocolo de las relaciones públicas externas. La UAS, bajo esta visión, convierte esta determinación en una oportunidad histórica de reposicionamiento público, fijando un estándar de cómo deben conducirse las universidades autónomas en la era de la información y la especialización.


Así, pues, la universidad fundamenta su legitimidad exclusivamente en el rigor de sus indicadores académicos, el impacto de su investigación aplicada y la pulcritud de su gestión interna; proyectándose como una institución moderna, sobria y soberana que prescinde de los formalismos públicos tradicionales para enfocarse, de manera permanente y sagrada, en servir al progreso de la sociedad sinaloense, a la forja de profesionistas de alto nivel y a la transformación del futuro sin subordinarse a agendas externas o coyunturas temporales.

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