Ahome: la consolidación de Antonio Menéndez y el peso de una estructura opaca

Álvaro Aragón Ayala.

A casi un año de haber asumido la alcaldía de Ahome, Antonio Menéndez del Llano Bermúdez logró el fortalecimiento de la figura institucional frente a la erosión de su propio círculo operativo.


Menéndez no solo sobrevivió a la coyuntura de una designación indirecta en un escenario de crisis; logró capitalizar el orden administrativo para proyectar una estatura política que su gabinete es incapaz de seguir.


Desde el origen, la administración exigía un perfil de contención y restablecimiento del orden. Menéndez decodificó el momento con precisión, y asumió una supervisión técnica que raya en el rigorismo para evitar que las imperfecciones de su equipo escalaran a crisis de gobernabilidad. Sin embargo, este ejercicio de control ha revelado una asimetría preocupante: el alcalde ejerce el poder, mientras su gabinete apenas lo administra.


La Secretaría del Ayuntamiento, que por naturaleza técnica debería ser el epicentro de la concertación y el blindaje político, se convirtió en un área de desgaste. Al carecer de una operación fina y de una narrativa de mediación efectiva, dejó al alcalde en una exposición innecesaria que él mismo ha tenido que mitigar mediante jugadas estratégicas.


Uno de los puntos más críticos de la actual administración es la metamorfosis de la política en mera gestión de redes sociales. En diversas áreas del gabinete impera un activismo de escaparate que confunde la interacción digital con la construcción de bases sociales.


Funcionarios que creen que hacer gobierno y política es subir fotografías a Facebook con vecinos, líderes sociales o actores políticos. Imágenes sin narrativa, sin estrategia, sin impacto. Activismo de escaparate. Mucha foto. Mucho saludo. Cero construcción política.


AUSENCIA DE CUADROS


No existen figuras dentro del equipo municipal con el capital político necesario para aspirar a candidaturas de relevancia – ni siguiera al nivel de diputaciones locales- o para incidir de manera autónoma en la agenda pública local.


Es evidente, también, la dependencia de algunos funcionarios a la retórica del «vínculo histórico» con el Ejecutivo Estatal. No obstante, en la política de resultados, la cercanía con el gobernador Rubén Rocha Moya no es un cheque en blanco, sino una responsabilidad que se valida con eficacia, no con anécdotas.


LOS PILARES DE LA PERMANENCIA


A pesar de este lastre burocrático, Menéndez blindó la viabilidad de su proyecto mediante cuatro ejes de alta política:
Disciplina Financiera: Un manejo de la hacienda pública exento de estridencias y escándalos, proporcionando una transparencia que otorga solvencia moral a la administración.


Narrativa Estratégica: Una comunicación institucional profesionalizada que ha logrado controlar la percepción ciudadana, transformando la estabilidad en su principal activo.


Institucionalidad Administrativa: El Ayuntamiento funciona como maquinaria técnica, evitando el colapso que muchos vaticinaban tras la crisis de origen.


Alineación Estructural: Una relación de respeto y sincronía política con el gobernador Rubén Rocha Moya basada en el cumplimiento de metas y la ausencia de fricciones innecesarias.


Bien. El horizonte sucesorio no será terso. El camino 2027 hacia la definición de la alcaldía en Ahome exigirá cuadros de alto rendimiento, no aprendices de la función pública. El balance actual es dicotómico: existe un alcalde que ha comprendido la naturaleza del poder y su ejercicio responsable, frente a un equipo que se ha extraviado en la autocomplacencia, el glamour y la estética del cargo.


El resultado es contundente e irreversible: mientras Antonio Menéndez construye su estatura hacia el futuro, su gabinete se diluye en la intrascendencia de la foto sin fondo. Y lo que es peor, algunos se meten de lleno al tobogán del chismerío.

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