Alvaro Aragón Ayala.
La señal es de fracaso anticipado. O de que ya se negoció -¿por qué no? – con Morena la derrota. El dirigente nacional del PRI, Alejandro –Alito – Moreno Cárdenas, puso sobre la mesa dos nombres para la candidatura a la gubernatura de Sinaloa en 2027: Paloma Sánchez Ramos y Mario Zamora Gastélum.
Dos perfiles que comparten un rasgo estructural criticable: han aprendido a sobrevivir —y avanzar— en la derrota. O sea, son herederos del sistema “de ganar perdiendo”, vieja práctica del tricolor con la que se privilegia a los amigos rechazados en las urnas.
Con Paloma y Zamora, el PRI no está proyectando renovación ni competitividad, sino legitimando el reciclaje político. Y peor aún: el «refrito» de perfiles que ya fueron probados —y derrotados— en escenarios de alta exigencia electoral.
Mario Zamora compitió por la alcaldía de Ahome y perdió. Participó en el 2018 en la contienda por el Senado y fue derrotado (entró al Poder Legislativo por primera minoría), y fracasó en su intento por ganar la gubernatura en el 2021. Hoy Zamora es diputado federal plurinominal.
Paloma Sánchez ingresó a la Cámara de Diputados (Federal) sin ganar una elección. Fue legisladora plurinominal. En el 2024 compitió por un escaño en el Senado de la República y fue derrotada, aunque alcanzó la primera minoría, con el apoyo de la estructura del Partido Sinaloense. Entró por esa rendija a ocupar un lugar en el Legislativo.
LA TRANSA DE SER CANDIDATO PERDEDOR
Paloma y Zamora le entienden muy bien a ese modelo político-electoral, funcional, que les permite perder y seguir vigentes en la vida pública. Ser candidato —ganes o no— implica acceso a financiamiento público, exposición mediática masiva, construcción de estructura territorial y posicionamiento rumbo a futuras negociaciones.
En ese contexto, la candidatura deja de ser un medio para ganar y se convierte en un activo político en sí mismo. No les importa a Paloma y Zamora pasar la vergüenza de la derrota ni que los ubiquen como “cartuchos quemados” o políticos reciclados. Lo que les interesa es no salir del presupuesto electoral y acceder al poder por vías alternas (primera minoría, listas).
Para ambos la derrota ya no es el final del juego; es parte del modelo de permanencia. Y eso genera una distorsión profunda ya que el incentivo que los mueve no es ganar elecciones, sino no desaparecer del engranaje político.
¿PORQUE PRESENTAR A LOS DERROTADOS?
Si el PRI quiere ser competitivo, ¿por qué proyectar entonces perfiles con historial reciente de derrota? El metaanálisis sugiere tres hipótesis:
- No hay más cuadros competitivos reales. El PRI en Sinaloa atraviesa una crisis estructural: desgaste de marca, fuga de liderazgos y pérdida de base territorial. Ante eso, recurre a cuadros conocidos, aunque derrotados.
- Candidaturas de contención, no de competencia: al presentar perfiles débiles en términos electorales, el PRI podría estar administrando la derrota anticipadamente o manteniendo presencia sin expectativa real de triunfo. Competiría, pues, para existir, no para ganar. Aquí es donde encaja la pregunta ¿Alito Moreno Cárdenas ya negoció con Morena la derrota del PRI?
- La hipótesis de la alianza con el PAN: la designación de perfiles con bajo potencial competitivo puede ser una jugada calculada de Moreno Cárdenas para generar inconformidad interna y también entre los aliados, a la que se sumaria la construcción de la narrativa de que el PRI no tiene candidato fuerte, lo que llevaría a forzar a una alianza negociada. Y en escenario estaría preparando el terreno para ceder la candidatura al PAN como parte de un acuerdo mayor.
PAN: INCOMODIDAD Y DESCONFIANZA
El “destape” anticipado de los dos alfiles del PRI rumbo al proceso electoral no cayó muy bien en el Partido Acción Nacional porque manda la lectura, de que su virtual aliado, el PRI, intenta imponer condiciones desde la debilidad. O peor: que está negociando desde la derrota, lo cual levanta muchas sospechas.
El PAN, que también busca reposicionarse, difícilmente aceptará ser comparsa de una estrategia que parece diseñada para administrar una derrota compartida, lo que refuerza la vieja hipótesis de que en Sinaloa tanto Paloma como Mario operan bajo la dinámica de una “oposición simulada”, pero sin llegar a la confrontación directa con el gobernador.
La jugada también revela tensiones internas, falta de liderazgos emergentes, dependencia de figuras recicladas, centralización de decisiones en la dirigencia nacional y sobre todo una desconexión entre la lógica de la cúpula y la realidad electoral del estado. El hecho es que si el PRI arrancó una contienda con candidatos sin posibilidades de triunfo, no está construyendo una ruta al poder, únicamente está administrando su permanencia en el juego.