¡Alerta en Los Mochis! Fábrica de tostadas baña con humo de aceite quemado a colonias enteras

Imagen recreativa. No se permite el acceso de periodistas a la fábrica de tostadas y no exhibe en su fachada o entrada su nombre o razón social

Richard Lizárraga Peiro.

En la colonia Anáhuac de Los Mochis zona estrictamente residencial- opera desde hace tiempo una fábrica clandestina de tostadas que utiliza grandes volúmenes de aceite vegetal en procesos de fritura, generando ya graves problemas de salud a la población a cuando menos a dos kilómetros a la redonda.


La industria de fritangas, convertida en un foco de contaminación, fue instalada bajo la sombra de la corrupción que permea al personal de Protección Civil Municipal, Salud Municipal, COFEPRIS y los encargados de impedir que se viole el uso de suelo. En el frente, «compañía de tostadas», no exhibe su marca o razón social.


El negocio, en el que los trabajadores trabajan encerrados sin ningún equipo de protección y sin salidas de emergencia, está ubicado por la calle Constitución, entre 2 de Abril y Centenario, genera, emite, un permanente baño de humo graso que respiran y cae sobre la piel de cientos de familias de esa zona.


Desde tempranas horas de la mañana y hasta entrada la noche, el aire aceitoso que exhalan los extractores de la fábrica hacia la atmósfera, impregna las areas residenciales de un olor intenso a aceite quemado, acompañado de vapores grasos que se perciben claramente en el ambiente.


Ese humo no es inofensivo. Ya comenzó a provocar enfermedades. Cuando el aceite vegetal se calienta en freidoras industriales a temperaturas cercanas a los 180 o 220 grados centígrados, el proceso genera vapores cargados de micropartículas de grasa, aldehídos y compuestos irritantes.


Estas partículas microscópicas quedan suspendidas en el aire y se dispersan con el viento, formando literalmente una nube invisible de grasa quemada que termina depositándose en calles, techos, vehículos y, lo más grave, en los pulmones de las personas.


Las emisiones provenientes de la fritura industrial contienen partículas finas (PM2.5), acroleína, formaldehídos y aldehídos, sustancias ampliamente asociadas con irritación e inflamación de tejidos humanos.


La exposición periódica a estas micropartículas provoca ardor en los ojos, lagrimeo constante, enrojecimiento, conjuntivitis irritativa, y, además, dermatitis, irritación cutánea y brotes de eczema en personas sensibles.


La operación de la fábrica atenta contra la salud de las familias que viven en el entorno de la industria y a dos kilómetros a la redonda. Ya comenzaron de padecer de sus vías respiratorias, atacados por una tos persistente, irritación de garganta y bronquitis.


Estudios médicos y de impacto ambiental, establecen que esas partículas ultrafinas pueden atravesar los pulmones y pasar al torrente sanguíneo, lo que se asocia con inflamación del sistema cardiovascular, aumento de la presión arterial, mayor riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.


Especialistas en dispersión de contaminantes coinciden en que los humos provenientes de frituras industriales pueden tener varios niveles de impacto. En los primeros 300 metros y 500 metros el efecto es directo y visible, pero las partículas más finas viajan entre uno y dos kilómetros, dependiendo de la dirección del viento.


Eso significa que no sólo la colonia Anáhuac está expuesta, sino también varias zonas habitacionales a su alrededor. El olor del aceite quemado llega ya hasta las oficinas de la Tránsito Municipal y a algunas escuelas cercanas.


Además del problema sanitario, existe otro factor alarmante: el aceite vegetal sometido a temperaturas industriales es altamente inflamable. Una falla en freidoras, ductos o sistemas de extracción puede provocar incendios de gran magnitud.


En zonas industriales estos riesgos se controlan mediante: extractores especializados, sistemas contra incendio, protocolos de seguridad, sin embargo, cuando una planta de fritura funciona de manera clandestina dentro de una zona habitacional, el peligro se multiplica.


El problema del aceite usado es grave, también, porque una fábrica de tostadas genera grandes cantidades de aceite degradado y residuos grasos.


Si esos desechos no se manejan correctamente, terminan en el drenaje municipal, obstruyendo tuberías contaminando agua y suelo. Las llamadas “bolas de grasa” que bloquean sistemas de drenaje tienen precisamente este origen.


Las normas urbanas, uso de suelo y de Protección Civil, exigen que este tipo de instalaciones se ubiquen en zonas o parques industriales o corredores productivos autorizados y deben de contar con un dictamen de impacto ambiental, permisos sanitarios, licencias de funcionamiento y supervisión de protección civil.


La industria ya comenzó a matar lentamente con su contaminación, a las familias de la Anáhuac y de otras colonias cercanas, quienes se instalaron primero en esa zona, y no eligieron vivir junto a una planta de fritura industrial.


Eligieron una zona residencial y hoy, en lugar de tranquilidad y aire puro están respirando humo cargado de partículas de aceite degradado.

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