UAS. LA JUBILACION NO SE DEFIENDE SEMBRANDO ODIO

Álvaro Aragón Ayala.

Desde hace meses, una célula reducida de jubilados que se opone a la Reingeniería Integral de la Universidad Autónoma de Sinaloa decidió abandonar definitivamente la razón para instalarse en la agresión. Incapaz de sostener su postura con argumentos legales o financieros, tomó por el camino de la siembra del odio, insultando, difamando y descalificando a todo aquel que defienda la viabilidad del sistema de jubilación dinámica.


Los Tribunales Federales ya hablaron y lo han hecho con claridad: no existen prestaciones sin base legal, no se permiten beneficios duplicados por el mismo tiempo u horas laboradas y el gasto público debe ser sostenible. No se trata de opiniones soltadas a la ligera. Son sentencias. Sin embargo, este grupo insiste en desconocer la ley porque no favorece sus intereses personales.


A nivel nacional, el mensaje es también categórico: no hay espacio para regímenes paralelos ni para pensiones universitarias sin respaldo. El proyecto presidencial es generar solo un sistema, una sola fuente y reglas para todos. Pretender excepciones es, en los hechos, exigir privilegios financiados por otros.


Derrotados en los Juzgados de Distrito, rechazados en los Tribunales Colegiados y exhibidos por la realidad financiera, estos jubilados no corrigieron el rumbo. Eligieron el berrinche. Convirtieron su derrota jurídica en una guerra mediática basada en el odio, en rumores, en los ataques personales y campañas de desprestigio.


Hoy no debaten, atacan. Hoy no argumentan, insultan. Hoy no proponen, destruyen. La injuria se volvió su refugio porque sus expedientes están vacíos. No tienen sentencias a favor, no tienen estudios técnicos, no tienen viabilidad financiera. Únicamente tienen enojo.


Detrás de esa ira hay un ego golpeado ya que durante años creyeron que su jubilación era intocable, que jamás aportarían un peso y que el sistema debía sostenerlos sin exigirles corresponsabilidad. Cuando la ley les dijo que no, reaccionaron con furia.


Pasaron, así, de ser beneficiarios a ser saboteadores y a atacar a quienes promueven el rescate de la jubilación por medio de la Reingeniería Integral. Ya no buscan salvar la jubilación dinámica: amenazan con hundirla con tal de no aportar. Prefieren el colapso institucional antes que asumir su parte.


Pero la verdad es innegable: sin aportaciones no hay fondo, sin fondo no hay pensión, sin reingeniería no hay futuro. Y la mayoría de ellos, además, recibe pensión del IMSS y Pensión del Bienestar. No están en riesgo de hambre. Están en riesgo de perder privilegios.


Y gritan porque no pueden demostrar nada; por eso insultan, porque no pueden ganar y por eso atacan porque no pueden convencer. Si tuvieran razón, la probarían en los juzgados. No en redes sociales. No en “columnas” incendiarias. No en campañas de victimización.


Encerrados en su propio círculo, se escuchan solo entre ellos, se aplauden entre ellos y se engañan entre ellos. Han construido una burbuja donde la realidad no entra y donde toda crítica es traición.


El daño que causan es profundo ya que deterioran la imagen de los jubilados y ponen en riesgo a la universidad intentando sabotear el futuro de las nuevas generaciones. Todo por no aceptar reglas comunes. No entienden que son un grupúsculo sin respaldo judicial y sin legitimidad social.


Son derrotados jurídicos que se niegan a aceptar la realidad y como pueden cambiar la ley, intentan ensuciar a quienes la respetan. Pero la jubilación no se defiende con odio. Se defiende con responsabilidad, con aportaciones, con disciplina financiera y con visión institucional.

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