ELECCIONES 2027: MORENA GANA SOLO; EL PVEM Y EL PT LE QUITARÁN “POSICIONES NEGOCIADAS”

Álvaro Aragón Ayala.

Sinaloa enfrenta una paradoja electoral: la pluralidad partidista podría fortalecer al partido dominante. La ecuación es muy sencilla: con el control de Morena del 65 por ciento del voto reciente y una oposición que apenas rebasa el tercio de los sufragios, cualquier fractura adicional o externa amplía la brecha. En sí, la prospección determina que los nuevos partidos no representan, en el corto plazo, una amenaza “corporativa” para Morena.

Significarán, más bien, un riesgo o desafío interno para la oposición ya que, de acuerdo a la aritmética política-electoral sinaloense, la fragmentación no construye alternancia; proyecta la consolidación del actual gobierno en el Poder Ejecutivo y su control del Congreso Local. La llegada de nuevos partidos al proceso electoral 2027 no barrería a Morena; por el contrario, reforzaría la reelección o la continuidad de su hegemonía.

Esa es la conclusión que arrojan los dígitos electorales cuando se aterrizan al caso Sinaloa. Lejos de configurar una amenaza estructural para el partido en el poder, la eventual aparición de tres nuevas fuerzas -Somos MX, México Tiene Vida y la reorganización del antiguo PES bajo la figura de PAZ /Construyendo Sociedades de Paz- tendería a fragmentar el voto opositor y a ampliar, por vía indirecta, la ventaja de Morena.

En la elección presidencial de 2024, Sinaloa alcanzó un millón 329 mil 806 votos válidos. El resultado fue contundente: por Morena sufragaron 872 mil 249 ciudadanos (65.59 por ciento). El bloque opositor principal (PAN-PRI-PRD en coalición) registró 326 mil 368 votos (24.54 por ciento) y el Movimiento Ciudadano obtuvo 103 mil 193 votos (7.76 por ciento). Morena domina con casi dos tercios del electorado efectivo. La oposición -sumando PAN, PRI y MC- apenas rebasa el tercio.

En 2021, la gubernatura fue conquistada por Rubén Rocha Moya, en alianza con el Partido Sinaloense. La estructura universitaria ligada al PAS fue considerada en aquel entonces un engranaje clave. Hoy el panorama es distinto. El PAS ya no cuenta con el mismo control orgánico ni con la estructura territorial que le dio músculo en el pasado. Su debilitamiento abre tres posibles rutas: parte de su base podría afiliarse a Morena. Otra fracción podría migrar hacia el PAN o el PRI y un segmento podría convertirse en cantera natural de los nuevos partidos.

Bien. Las tres fuerzas emergentes – Somos MX, México Tiene Vida y Construyendo Sociedades de Paz no parten de una base electoral consolidada en Sinaloa. Su potencial de votantes tiene un perfil definido. El análisis apunta a que podrían obtener sufragios de ex panistas, clase media, ex militantes del PRI, los restos del PRD, los fragmentos del PAS y de una fracción menor de los abstencionistas.

Si los nuevos partidos alcanzaran en conjunto el 4 por ciento del voto estatal (alrededor de 53 mil sufragios), la procedencia probable a las nuevas fuerzas vendrían del PAN-PRI en un 50 por ciento, del MC un 25 por ciento, un 15 por ciento de los “remanentes” locales y un 10 por ciento de los que “nunca” votan. En términos numéricos el PAN-PRI perderían algo así como 26 mil votos, el MC 13 mil y otros partidos 8 mil. Los nuevos partidos no afectarían a Morena.

Aun si los nuevos partidos lograran el 8 por ciento de la captación, que es pronosticado como un desempeño inusualmente alto (aproximadamente 106 mil votos), el PAN-PRI se verían reducidos con más de 50 mil votos. Al MC se le caerían 26 mil y se registraría una fragmentación territorial en distritos urbanos. Morena, con su base estructural superior a 870 mil votos, mantendría la primera posición con comodidad.

Si el voto anti-Morena se dispersa en cuatro o cinco opciones/partidos, Morena puede ganar con porcentajes cercanos al 45-50 por ciento sin necesidad de crecer. La clave está en la aritmética simple: dividir 400 mil votos opositores entre varias siglas no derrota a un bloque cohesionado de 850 mil.

En distritos competitivos -Culiacán, Mazatlán, Ahome- pequeñas diferencias de 10 a 20 mil votos pueden definir triunfos. La presencia de nuevos partidos podría quitar votos decisivos al PAN en distritos urbanos, restar competitividad a MC entre jóvenes y debilitar la posibilidad de un “voto útil” opositor. En ese contexto, Morena no necesitaría aumentar su base; le bastaría con conservarla.

Entonces ¿A quiénes afecta más los tres partidos en ciernes? El PAN es el más expuesto pues comparte electorado ideológico con los nuevos proyectos conservadores. Al PRI porque su base envejecida es vulnerable a migraciones tácticas. Al MC porque perdería el voto joven de protesta y al PAS porque su debilitamiento facilita el trasvase hacia nuevas siglas. Morena es el menos afectado.

Únicamente un movimiento alteraría la ecuación: que los nuevos grupos se integrarán al PAN o al PRI en vez de competir solos como partidos. Si esos liderazgos y estructuras aportaran puntos porcentuales adicionales a la oposición organizada, el bloque opositor podría acercarse a la barrera competitiva, pero mientras operen como fuerzas independientes, su impacto es fragmentario.

EL FACTOR PT-PVEM EN LA CONTIENDA

En este escenario de fragmentación opositora y consolidación de Morena, hay un elemento que termina de cerrar el círculo y es el papel que juegan en Sinaloa el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) como socios estratégicos del Movimiento de Regeneración Nacional dentro del bloque de la Cuarta Transformación.

En el plano estatal, tanto el PT como el PVEM han comenzado a operar con mayor intensidad en territorios municipales y distritales claves. Su objetivo no es competir frontalmente con Morena, sino cumplir tres funciones simultáneas: captar inconformes internos de la 4T, absorber desertores del PRI y del PAS y bloquear el crecimiento de los nuevos partidos.

En términos prácticos, PT y PVEM funcionan como “válvulas de escape” del sistema morenista, como canales alternos para procesar inconformidades sin que estas se conviertan en sumas hacia la oposición o hacia fuerzas emergentes. Cuando un liderato local, un grupo territorial o una corriente interna pierde espacios en Morena, la ruta inmediata no es irse al PAN, a MC o a un nuevo partido. La primera estación suele ser el PT o el Verde.

Que conste: las matemáticas electorales no mienten. Precisan que aun sin aliados, Morena tiene condiciones para ganar en Sinaloa, pero con PT y PVEM integrados formalmente, la ventaja se vuelve prácticamente inalcanzable para cualquier coalición opositora. La aparición de nuevas fuerzas —Somos MX, México Tiene Vida y PAZ— obliga entonces a Morena a cerrar fugas. Y ahí entran el PT y el Verde.

Sin embargo, esta estrategia tiene un costo. Al fortalecer al PT y al PVEM en municipios y distritos, Morena genera competencia dentro de su propio bloque. Lo que se gana en estabilidad general se pierde en control directo. En distritos donde Morena podría ganar solo, la presencia del PT o del PVEM divide el voto oficialista y obliga a repartir candidaturas.

En Ayuntamientos medianos y pequeños, PT y Verde están construyendo estructuras propias que, eventualmente, pueden desplazar a cuadros morenistas. La negociación de espacios se vuelve más compleja y reduce el margen de maniobra del partido dominante. En otras palabras: Morena gana elecciones, pero comparte poder.

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