Mario Zamora, a la caza de “reflectores vacíos” en la CPAC

Alvaro Aragón Ayala.

La presencia del diputado federal priista Mario Zamora Malcampo en el llamado Foro contra el Narco-Terrorismo organizado por la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) en Estados Unidos es un episodio que merece escrutinio público, crítica severa, preguntas incómodas y la apertura de líneas de investigación política.


Porque lo que Zamora presentó a la prensa mexicana -y que algunos medios reprodujeron sin rigor ni contexto- no corresponde con la naturaleza real del evento ni con el papel que él estaba en posibilidad legítima de desempeñar: la de un simple diputado del Partido Revolucionario Institucional. No más.


La CPAC no es un organismo internacional, ni un foro técnico, ni una instancia de cooperación bilateral. Es la Conferencia de Acción Política Conservadora, una plataforma ideológica de la derecha estadounidense, estrechamente vinculada al trumpismo, a narrativas de “mano dura”, a la criminalización de México como amenaza y a una visión securitaria extrema del fenómeno del narcotráfico.


UN FORO POLÍTICO, NO UNA CUMBRE DE ESTADO


El llamado Combating Narco-Terrorism Summit no genera acuerdos, no emite resoluciones, no tiene efectos vinculantes y no representa a ningún gobierno. Es un espacio de discusión política e ideológica organizado por una asociación conservadora estadounidense.


Presentarlo como una “cumbre” de alto nivel equivale a inflar artificialmente su importancia y, sobre todo, a simular una representación institucional que no existió.


Mario Zamora no asistió en nombre del Gobierno de México, ni del Congreso Federal, ni del PRI, ni del estado de Sinaloa. No tenía mandato diplomático, ni representación oficial, ni respaldo legislativo para plantear rutas de cooperación internacional en materia de drogas, opioides o regulación sanitaria. Asistió a título personal, aunque luego intentó vestir su presencia con ropaje institucional.
¿EN CALIDAD DE QUÉ HABLÓ?


Aquí surge la pregunta central: ¿qué papel jugó Mario Zamora en un foro sobre narcoterrorismo? No es experto en terrorismo. No es especialista en seguridad nacional. No integra comisiones estratégicas con mandato en política exterior. No representa a México en negociaciones internacionales.


Entonces, ¿por qué habló? ¿a quién representaba? ¿con qué legitimidad? En política internacional, la representación no se improvisa. Y cuando se hace, se incurre en una irresponsabilidad que raya en la simulación o en la usurpación de funciones.


EL RELATO DEL “DIÁLOGO” CON LA CASA BLANCA


El supuesto acercamiento del diputado Mario Zamora Gastélum con Sara Carter, funcionaria de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca, fue presentado como un avance estratégico. Pero hasta ahora:


No hay comunicado oficial del gobierno estadounidense, no hay agenda bilateral, no hay reunión formal confirmada, no hay seguimiento institucional. Una conversación informal en un foro «partidista» no equivale a negociación, ni a cooperación, ni mucho menos a política de Estado. Convertir ese intercambio en una “victoria diplomática” es, cuando menos, exageración política; cuando más, desinformación deliberada.


LA DERECHA Y MÉXICO REPUBLICADO


El elemento más inquietante del episodio es la participación activa de la organización México Republicano, que busca convertirse en partido político rumbo a 2027 y que mantiene una clara afinidad ideológica con la CPAC.


Aunque Mario Zamora no pertenezca formalmente a esa organización, compartir foro, narrativa y legitimación política en ese contexto lo coloca en una zona de ambigüedad peligrosa, especialmente para un legislador del PRI.


No es casualidad que estas plataformas funcionen como espacios de incubación de nuevas derechas, ni que busquen referentes mexicanos que les otorguen respetabilidad institucional.


Resulta, además, profundamente contradictorio que Zamora plantee la regulación de opioides y el CBD en un espacio dominado por una narrativa punitiva, prohibicionista y securitaria.


O no entendió el terreno ideológico en el que estaba parado, o decidió usar el foro como escaparate personal o buscó posicionarse como “interlocutor útil” ante cualquier audiencia. Ninguna opción lo deja bien parado. Todavía más, lo coloca en el filo de la sospecha, en el centro de un mar de hipótesis.
En ese contexto, son válidas las preguntas: ¿por qué fue Mario Zamora a la CPAC? ¿Por qué quiso que pareciera algo que no fue?


En temas de narcotráfico, terrorismo y soberanía, la ambigüedad y la estridencia mediática no son virtudes políticas: llanamente es irresponsabilidad. Y cuando un legislador mexicano se presta -voluntaria o involuntariamente- a legitimar plataformas ideológicas extranjeras sin mandato, sin especialización y sin transparencia, lo mínimo exigible es que ofrezca una explicación clara y pública.

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