Juan de Dios Gámez: cuando el desarrollo se vuelve un discurso de paz

Álvaro Aragón/ CULIACÁN.

No todos los discursos políticos dicen algo. Muchos son “pasajeros”, pocos trascienden y muy contados logran interpretar el momento histórico que viven las ciudades que representan. El mensaje pronunciado por el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, durante el Encuentro Nacional de Negocios y Franquicias pertenece a esta última categoría. Y no por su retórica, sino por su oportunidad.


Culiacán atraviesa una crisis de seguridad que ha puesto a la ciudad bajo el escrutinio nacional. En ese contexto, lo fácil hubiera sido el silencio, la evasión o el discurso defensivo. Lo común, apelar a lugares comunes sobre la paz y la coordinación institucional. Gámez Mendívil optó por algo distinto: replantear el problema desde su raíz.


“No hay seguridad duradera sin desarrollo”, afirmó. La frase no es menor. En ella se condensa una visión que desplaza el debate del terreno exclusivo de la fuerza pública al de la estructura social y económica. El presidente municipal no negó la crisis, pero se negó a reducirla a un asunto policiaco. En tiempos donde la violencia suele generar respuestas inmediatas y poco profundas, el mensaje apostó por el largo plazo.
El discurso convirtió un encuentro empresarial en un acto político de confianza. Confianza en la ciudad, en su gente y en su futuro. Decirlo en Culiacán hoy no es retórico: es un posicionamiento. Es afirmar que la ciudad no está derrotada ni condenada, sino en disputa.


Uno de los mayores aciertos del mensaje fue su capacidad para tejer alianzas simbólicas. Gobierno federal, gobierno estatal, iniciativa privada y la Universidad Autónoma de Sinaloa aparecen no como actores aislados, sino como corresponsables. Esta visión colaborativa no solo ordena el discurso, sino que proyecta gobernabilidad, algo especialmente relevante en un entorno de incertidumbre.


Además, Juan de Dios Gámez logró sacar a Culiacán del encierro narrativo en el que suele colocarse. Al hablar del corredor productivo del Pacífico, del noroeste del país y de la proyección internacional, insertó a la capital de Sinaloa en una conversación nacional sobre desarrollo regional. Culiacán dejó de ser el foco del problema para asumirse como parte de una posible solución.


El cierre fue quizá el más potente: “El camino hacia un Culiacán en paz también se construye con empleo, con inversión, con educación y con empresas cada día más fuertes”. Ahí está la tesis completa. La paz no como decreto, sino como consecuencia. “Estamos de pie”, precisó.


Este discurso no resuelve la crisis de seguridad, pero sí redefine el marco desde el cual se le habla al país. Por su claridad, su lectura del momento y su ambición política, puede considerarse el mensaje más sólido que ha pronunciado Juan de Dios Gámez Mendívil como alcalde de Culiacán.


En tiempos de ruido, a veces lo más disruptivo es tener una idea clara y decirla cuando más cuesta.

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